PALEOGRAFÍA, SOCIOLOGÍA

Y PRETER-HISTORIA

 

Por Manuel Enrique Landsman

 

 

ÍNDICE

2 (dos) *

LA GÉNESIS DE LO SOCIAL *

EL ANTIEDIPO *

LA DESCODIFICACIÓN DEL HOMBRE PRIVADO *

EL NACIMIENTO DEL ALMA MODERNA *

1 (uno) *

PALABRAS, GRAFIAS Y COSAS *

LA SOCIOLOGÍA EN LA TRADUCCIÓN PALEOGRÁFICA *

0 (cero) *

FUNCIONES *

"Las escrituras nos forman estratos, y nosotros las amamos" *

EPÏLOGO: ANÄRQUINAs *

LA DESESCRIPCIÓN: *

POR UN ARTE POLÍTICO DE LA CIENCIA *

 

2 (dos)

LA GÉNESIS DE LO SOCIAL

 

"No tenemos razón cuando aceptamos el postulado subyacente a las concepciones sobre la sociedad basadas en el intercambio; la sociedad no es, en primer lugar, un medio de intercambio en el que lo esencial radicaría en circular o en hacer circular; la sociedad es un socius de inscripción donde lo esencial radicaría en marcar o ser marcado."

En esta cita de Deleuze y Guattari, vemos abrirse al menos varios sentidos de reflexión, y por qué no de investigación.

Lo que define, lo que autoriza a hablar de sociedad no son los sistemas de intercambios, que luego coagulan en sistemas formales, en "instituciones" o "superestructuras", sino, al contrario, son las inscripciones, los sistemas de signos o de representación los que conformarían la "esencia" formal de un agrupamiento humano. El punto de nacimiento de lo social (o socius) en el tiempo, se constituye, también como el punto de nacimiento de los sistemas de inscripción o escrituras.

Al percibir la profundidad del problema, la cuestión de las inscripciones, de los registros, de las escrituras. Ya no como meros instrumentos más o menos al alcance de la mano, más o menos ligados a una sociedad o cultura determinada, ya no al lado de la producción sino como inherente, consustancial a la producción y a lo social, tramado y entramado, percibimos, al menos conjeturalmente, también el problema de LO SOCIAL como categoría prescriptiva del agrupamiento humano (hablado y reglado).

Lo social ya no es una red de intercambios (de mujeres, bienes y signos) entre individuos solidarios, sino que, para que exista este intercambio, primero es necesario un sistema de marcas e inscripciones que determinen qué cosas pueden circular e intercambiarse, cual es su equivalencia, que el mercado, etc.

Además, que lo que se inscribe son deudas, bloques de deudas, que se hacen circular según las alianzas y las filiaciones, el pacto y el contrato.

El signo no tiene el valor de mensaje, sino que es un instrumento de acción que actúa sobre el propio cuerpo. En principio no hay imitación ni semejanza, ningún efecto de significante, sino posición y producción de deseo. La significación de los ideogramas nunca es enseñada a las muchachas durante su iniciación.

Se inscribe en la propia piel, son los "rasgos de fuego, un alfabeto en los cuerpos", pero también son sistemas gráficos un baile sobre la tierra, un dibujo sobre una pared, una marca sobre el cuerpo.

"Y si queremos llamar <<escritura>> -nos dicen Deleuze y Guattari interpretando a Derrida- a esta inscripción en plena carne, entonces es preciso decir, en efecto, que el habla supone la escritura, y que es este sistema cruel de signos inscritos lo que hace al hombre capaz de lenguaje y le proporciona una memoria de las palabras."

Pero, por esto mismo, al querer comprender la historia de las escrituras vemos que es imposible hacerlo, independiente de las máquinas sociales en las que funcionan y tienen un destino. No en cuanto a los sentidos de comunicación que contiene cada trazo, sino en su propia forma, en su materialidad mediática, en sus modos concretos de articulación.

Y estudiar, por otro lado, a las diferentes sociedades, independientemente de estos mecanismos, de estos sistemas de registros, es amputar la profundidad de una mirada dispuesta sobre la producción de esa misma sociedad. Pues, para decirlo de una vez, las escrituras constituirían el nexo de articulación entre el deseo, la producción social, las formas del saber y las funciones del poder. Nexo entre la naturaleza del hombre, con sus pasiones y acciones y lo artificial de una industria social de instituciones.

 

 

EL ANTIEDIPO

 

En el Antiedipo se distinguen tres sistemas de representación (de superficie): La representación territorial salvaje; la representación imperial bárbara; la representación capitalista civilizada.

En la primera "la voz es como la representación de palabra en la alianza lateral, el grafismo es como la representación de la cosa (de cuerpo) instaurada en la filiación extensa. Uno actúa y el otro reacciona, cada uno con su propio poder que se connota con el del otro para realizar la gran tarea de la represión germinal intensa, lo reprimido es el cuerpo lleno como fondo de la tierra intensa, que debe dar sitio al socius en extensión al que pasan o no pasan las intensidades en causa. Es preciso que el cuerpo lleno de la tierra tome una extensión en el socius y como socius."

Este sistema de representación territorial también puede ser caracterizado, según el lugar que ocupan los materiales escriptóricos, como régimen de connotación, que "es un régimen en el que la palabra como signo vocal designa alguna cosa, pero en el que la cosa designada no deja de ser signo, ya que ella misma se surca de un grafismo connotado a la voz. La heterogeneidad, la solución de continuidad, el desequilibrio de los dos elementos, vocal y gráfico, es atrapado por un tercero, el elemento visual - ojo del que se puede decir que ve la palabra (la ve, no la lee) en tanto que evalúa el dolor del grafismo... la palabra no constituye por si sola el signo, no tiene más función que la designadora; lo que se convierte en signo es más bien la cosa o el cuerpo designado." (pag.210)

Tal como la fuerza está escrita sobre el cuerpo del león o la realeza en la mirada del águila.

"Ése creemos que es el triángulo mágico con sus tres lados, voz-audición, grafismo-cuerpo, ojo-dolor."

Son, entonces, elementales mecanismos de inscripción generalizados en todos los rituales de iniciación y paso. Es decir, que lo mágico se constituye al someter la "memoria instintual" a una "memoria deseante". Primitiva codificación de los flujos del deseo. Mnemotecnia.

Pero todavía no vemos a esos signo jugando fuera del cuerpo social o "individual", los cuerpos ya tienen una organización que si bien es desde el exterior que se inscribe, también le es, desde entonces, inherente: cuerpo para el espíritu y espíritu de cuerpo.

El "reino" de las escrituras (como las entendemos "hoy") está en su propia prehistoria. Sin embargo ya se vislumbran aquellos poderes sobrenaturales, que los sacerdotes imperiales deberán controlar. Los templos serán, desde entonces, los nuevos complejos industriales del signo. La conexión del signo-mundo se realizará únicamente allí. Los brujos serán perseguidos y eliminados o subsistirán con sus poderes controlados o válidos sólo para algunas comunidades marginales. Los estados, también en su formación integrarán pequeños espacios del afuera.

"El déspota es el paranoico. -leemos en el Antiedipo- Nuevos grupos perversos propagan la invención del déspota, expanden su gloria e imponen su poder en las ciudades que fundan o que conquistan. Por todas partes por donde pasa el déspota y su ejército, doctores, sacerdotes, escribas, funcionarios, forman parte del cortejo... En vez de ver en el Estado el principio de una territorialización que inscribe a la gente según su residencia, debemos ver en el principio de residencia el efecto de un movimiento de desterritorialización que divide la tierra como un objeto y somete a los hombres a la nueva inscripción imperial, al nuevo cuerpo lleno, al nuevo socius."

El estado inaugurará el espectáculo del sacrificio, altar, sacerdotes, espada y ofrenda. Nueva memoria colectiva, ya no es la crueldad de los cuerpos marcados, ahora es el terror de la venganza del déspota sobre sus súbditos lo que se inscribe. Y si la marca sobre el cuerpo implicaba un dominio mágico y territorial, la venganza sólo podía autorizar el espacio divino de las alturas: la abstracción del mundo y el signo desterritorializado o símbolo que contiene a todos acallándolos.

"Cuando una grafía... irrumpe en una sociedad... la escritura se considera en un principio como instrumento de un poder secreto y mágico (Goody, 1968). Las huellas de esta antigua actitud ante la escritura todavía llegan a manifestarse en la etimología: La grammarye o gramática del inglés de los siglos XII y XVI, que se refería a la sabiduría adquirida en los libros, llegó a significar el saber oculto o mágico y, a través de una forma dialectal escocesa, surge en nuestro vocabulario inglés actual como glamor (poder de seducción)."

"... Algunas sociedades que tienen un conocimiento limitado de la escritura la han considerado peligrosa para el lector no avezado, por lo cual necesitan una figura semejante al gurú para mediar entre el lector y el texto." (Goody y Watt, 1968. Pag. 95)

"Los "cultos de carga" aún en boga en algunas islas del Pacífico de Sur son muy conocidos: los analfabeto o semi-analfabetos creen que los papeles comerciales -pedidos, facturas de embarque, recibos y otros por el estilo- que saben que figuran en las operaciones de embarque, son instrumentos mágicos para hacer llegar por el mar los barcos y la carga, y practican varios ritos, que comprenden la manipulación de los textos escritos con la esperanza de que la carga aparezca para tomar posesión de ella y usarla" (Meggitt,1968).

En la representación imperial el régimen es denominado de la subordinación, por la relación voz-grafismo: "En primer lugar, el grafismo se ajusta, se proyecta sobre la voz y se convierte en escritura. Este movimiento hace saltar fuera de la cadena un objeto trascendente, voz muda (o ficticia) de las alturas de la cual parece que toda la cadena ahora depende, y con respecto a la cual se linealiza. Voz que ya no expresa, a la inversa más que por los signos de escritura que emite (revelación).

El grafismo, a la vez, se subordina a la voz para subordinar la voz, para suplantarla. Desde ese momento se produce el aplastamiento del triángulo mágico: la voz ya no canta, pero dicta, edicta; la grafía ya no danza y cesa de animar los cuerpos, pero se escribe fijada en tablas, piedras y libros; el ojo se pone a leer.

Tal vez ahí empieza la cuestión ¿qué quiere decir esto?". (pag.212)

También se denomina a este sistema, que engancha la producción (universal) al cuerpo del déspota, y por la función que adquiere en él el signo, de régimen significante, "el significante es el signo devenido signo de signo, el signo despótico... el signo devenido letra. El deseo ya no se atreve a desear, devenido deseo del deseo, deseo del deseo del déspota. La boca ya no habla, bebe la letra. El ojo ya no ve, lee.

El significante implica un lenguaje que sobrecodifica a otro, mientras que el otro es codificado en elementos fonéticos."

"Por más que el cuerpo se libere del grafismo que le era propio en el sistema de la connotación, ahora se convierte en la piedra y el papel, la tabla y la moneda sobre las que la nueva escritura puede marcar sus figuras, su fonetismo y su alfabeto. Sobrecodificar, ésta es la esencia de la ley y el origen de los nuevos dolores del cuerpo. El castigo ha dejado de ser una fiesta de la que el ojo obtiene una plusvalía en el triángulo mágico de alianza y filiaciones. El castigo se convierte en venganza, venganza de la voz, de la mano y del ojo ahora reunidos en el déspota, venganza de la nueva alianza, cuyo carácter público no altera el secreto: <<Haré ir contra ti la espada vengadora de la venganza de alianza...>> Pués una vez más la ley, antes de ser un fingimiento garantizado contra el despotismo, es la invensión del propio déspota: es la forma jurídica que toma la deuda infinita." (pag.219)

"Es propio de la ley significar sin designar nada. La ley no designa nada ni a nadie (la concepción democrática de la ley hará de ello un criterio)." (pag.220)

¿Cómo subsistiría la designación cuando el signo ha dejado de ser posición de deseo para convertirse en este signo imperial, universal castración que suelda el deseo a la ley?

 

 

LA DESCODIFICACIÓN DEL HOMBRE PRIVADO

 

Con el tercer gran corte, los estados deshilachados por las fuerzas del capitalismo Ya no se contentarán con sobrecodificar territorialidades mantenidas y enladrilladas, deberán constituir, inventar, códigos para los flujos desterritorializados del dinero, de la mercancía y de la propiedad privada.

En esta nueva empresa de inscripción la acción fundamental del cristianismo es insoslayable, a partir de él el Estado devendrá un organo secundario, testigo y garante de un doble movimiento de sus escrituras "su interiorización en un campo de fuerzas sociales cada vez más descodificadas que forman un sistema físico; su espiritualización en un campo supraterrestre cada vez más sobrecodificante que forma un sistema metafísico. En un mismo tiempo la deuda infinita debe interiorizarse y espiritualizarse (miseria del deseo, volverse contra sí mismo, la vuelta contra sí, la mala conciencia, la culpabilidad, su planta venenosa). (pag.229)

"Es al nivel de los flujos, y de los flujos monetarios, no al nivel de la ideología, que se realiza la integración del deseo."

Sin embargo, si consideramos a la escritura en su sentido más usual o restringido, habrá que decir, como estos autores, que "la escritura nunca fue objeto del capitalismo. El capitalismo es profundamente analfabeto. La muerte de la escritura, como la muerte de Dios o del padre, ya hace tiempo que se consumó, aunque el acontecimiento tarde en llegarnos y sobreviva en nosotros el recuerdo de signos desaparecidos con los que siempre escribimos. La razón es simple: la escritura implica un uso del lenguaje en general según el cual el grafismo se ajusta a la voz, pero también la sobrecodifica e induce una voz muda de las alturas que funciona como significante."

"...Para el lenguaje no significante ningún flujo fónico, gráfico, gestual, etc., ocupa un lugar de privilegio en este lenguaje que es indiferente a su substancia o a su soporte como continuum amorfo; el flujo eléctrico puede ser considerado como la realización de un flujo semejante cualquiera en tanto que tal. Pero una substancia se considera formada cuando un flujo entra en relación con otro flujo, definiendo el primero un contenido y el segundo una expresión."

<<el contenido de un medium, cualquiera que sea, siempre es otro medium. El contenido de la escritura es el habla, del mismo modo como la palabra escrita es el contenido de lo impreso, y lo impreso, el del telégrafo.>>

"Los flujos desterritorializados de contenido y de expresión están en un estado de conjunción o de presuposición recíproca, que constituye figuras como unidades últimas de uno y otro. Estas figuras no son del significante, ni siquiera son signos como elementos mínimos del significante; son no-signos, o más bien signos no significantes, puntos-signos de varias dimensiones, cortes de flujos, esquizias que forman imágenes por su reunión en un conjunto, pero que no guardan ninguna identidad de un conjunto a otro... Tres millones de puntos por segundo transmitidos por la televisión, de los cuales sólo algunos son retenidos. El lenguaje eléctrico no pasa por la voz ni por la escritura; el ordenador es una máquina de descodificación instantánea y generalizada." (pag.248-249)

"La civilización se define por la descodificación y la desterritorialización de los flujos en la producción capitalista "(pag.252)

"Un código determina, en primer lugar, la calidad respectiva de los flujos que pasan por el socius (por ejemplo los tres circuitos de bienes de consumo, de bienes de prestigio, de mujeres y de niños); el objeto propio del código radica, pues, en establecer relaciones necesariamente indirectas entre esos flujos cualificados y, como tales, inconmensurables."

"...indirecta, cualitativa y limitada, muestran claramente que un código nunca es económico y no puede serlo... Relaciones jurídicas y políticas son determinadas a ser dominantes." (pag.255)

"El capitalismo define un campo de inmanencia y no cesa de llenar ese campo. Pero ese campo desterritorializado se halla determinado por una axiomática, al contrario que el campo territorial determinado por los códigos primitivos. Las relaciones diferenciales tal como son llenadas por la plusvalía, la ausencia de límites exteriores tal como es <<llenada>> por la ampliación de los límites internos, la efusión de la antiproducción en la producción tal como es llenada o satisfecha por la absorción de la plusvalía, constituyen los tres aspecto de la axiomática inmanente del capitalismo."

"...Ocurre que la axiomática no necesita escribir en plena carne, marcar los cuerpos y los órganos, ni fabricar en los hombres una memoria. Al contrario que los códigos. La axiomática halla en sus diferentes aspectos sus propios órganos de ejecución, de percepción de memorización... ya no hay necesidad de creencia... El lenguaje ya no significa algo que debe ser creído: indica algo que va a ser hecho y que los taimados o competentes saben descodificar, comprender a media voz. Además, a pesar de la abundancia de carnets de identidad, de fichas y medios de control, el capitalismo ni siquiera necesita escribir en libros para suplir las marcas desaparecidas de los cuerpos... La persona se ha vuelto realmente <<privada>>, en tanto que deriva de las cantidades abstractas y deviene concreta en el devenir-concreto de estas mismas cantidades. Estas son las marcadas, ya no las personas: tu capital o tu fuerza de trabajo, el resto no tiene importancia." (pag.259)

 

 

 

EL NACIMIENTO DEL ALMA MODERNA

 

"En pinturas murales de la danza en la iglesia de los Innocents en Paris, quince parejas, religiosas y laicas, desde el papa y el emperador hasta el monje y el campesino, el fraile y el niño, participan en la procesión. <<Adelantaos, veos en nosotros>>, dicen los versos que las acompañan, <<muertos, desnudos, podridos y hediondos. Así seréis... Vivir sin pensar en este riesgo de condenarse... Poder, honor, riquezas, nada son; en la hora de la muerte sólo cuentan las buenas obras []>> Cada figura recita su parte: el condestable sabe que la muerte arrastra hasta los más bravos, incluso a Carlomagno; el caballero, al que antaño amaron las damas, sabe que no bailará más con ellas; el abad obeso, que <<los más gordos se corrompen antes>>; el astrólogo, que su ciencia no le salvará; y el labrador que pasó su vida con preocupación y trabajo, y a menudo deseó morir, ahora, cuando le llega el momento, preferiría estar penando en los viñedos, <<incluso padeciendo lluvia y viento>>. Se reitera una y otra vez que aquí estás tú, tú, tú. La imagen cadavérica que dirige la procesión no es la Muerte, sino el Muerto. <<Erers tú mismo>>, dice la inscripción al pié de las pinturas murales de la danza en La Chaise-Dieu de Auvernia.

El culto a la muerte llegaría a la cima en el siglo XV, pero tuvo su fuente el en XIV."

En los rituales de la muerte, tanto de sacrificios como en los funerales "sacramentales", aparecen con mayor claridad los sistemas de representación. Estos rituales operan las veces de maquinarias de institución de lo social, sobre el silencio de la muerte las voces poderosas se harán sentir, sobre el vacío de los sentidos y destinos individuales y colectivos, ante la muerte se inscribirán, los sentidos y destinos de los vivos.

"Kantorowitz ha hecho del "cuerpo del rey" un análisis notable, -señala Foucault-: cuerpo doble según la teología jurídica formada en la Edad Media, puesto que lleva en sí además del elemento transitorio que nace y muere, otro que permanece a través del tiempo y se mantiene como el soporte físico y sin embargo intangible del reino; en torno a esta dualidad, que fue, en su origen, cercana al modelo cristológico, se organiza una iconografía, una teoría política de la monarquía, unos mecanismos jurídicos que distinguen y que vinculan a la vez la persona del rey y las exigencias de la Corona, y todo un ritual que encuentra en la coronación, los funerales, las ceremonias de sumisión, sus tiempos más vivos. En el otro polo podríamos imaginar que se coloca el cuerpo del condenado; también tiene él su status jurídico; suscita su ceremonial y solicita todo un discurso teórico, no para fundar el "más poder" que representaba la persona del soberano, sino para codificar el "menos poder" que marca a todos aquellos a quienes se somete a un castigo. En la región más oscura del campo político, el condenado dibuja la figura simétrica e invertida del rey. Habría que analizar lo que pudiéramos llamar en homenaje a Kantorowitz el "menor cuerpo del condenado".

Si el suplemento de poder del lado del rey provoca el desdoblamiento de su cuerpo, el poder excedente que se ejerce sobre el cuerpo sometido del condenado, ¿no ha suscitado otro tipo de desdoblamiento? El de un incorpóreo, de un "alma", como decía Mably. La historia de esta "microfísica" del poder punitivo sería entonces una genealogía del "alma" moderna. Más que ver en esta alma los restos reactivados de una ideología, reconoceríase en ella más bien el correlato actual de cierta tecnología del poder sobre el cuerpo. No se debería decir que el alma es una ilusión, o un efecto ideológico. Pero si que existe, que tiene una realidad, que está producida permanentemente en torno, en la superficie y en el interior del cuerpo por el funcionamiento de un poder que se ejerce sobre aquellos a quienes se castiga, de una manera más general sobre aquellos a quienes se vigila, se educa y corrige, sobre los locos, los niños, los colegiales, los colonizados, sobre aquellos a quienes se sujeta a un aparato de producción y se controla a lo largo de toda su existencia. Realidad histórica de esa alma, que a diferencia del alma representada por la teología cristiana, no nace culpable y castigable, sino que nace más bien de procedimientos de castigo, de vigilancia, de pena y de coacción.

Esta alma real e incorpórea no es en absoluto sustancia; es el elemento en el que se articulan los efectos de determinado tipo de poder y la referencia de un saber, el engranaje por el cual las relaciones de saber dan lugar a un saber posible, y el saber refuerza y prolonga los efectos del poder. Sobre esta realidad-referencia se han construido conceptos diversos y se han delimitado campos de análisis: psique, subjetividad, personalidad, conciencia, etc.; sobre ella se han edificado técnicas y discursos científicos; a partir de ella, se ha dado validez a las reivindicaciones morales del humanismo. Pero no hay que engañarse: no se ha sustituido el alma, ilusión de los teólogos, por un hombre real, objeto de saber, de reflexión filosófica o de intervención técnica. El hombre de que se nos habla y que se nos invita a liberar es ya en sí el efecto de un sometimiento mucho más profundo que él mismo. Un "alma" lo habita y lo conduce a la existencia, que es una pieza en el dominio que el poder ejerce sobre el cuerpo. El alma, efecto e instrumento de una anatomía política; el alma, prisión del cuerpo."

"Cada tipo de máquina social produce un cierto género de representación cuyos elementos se organizan en la superficie del socius: el sistema de la connotación-conexión en la maq. territorial salvaje, que corresponde a la codificación de los flujos; el sistema de la subordinación-disyunción en la maq. despótica bárbara, correspondiente a la sobrecodificación; el sistema de la coordinación-conjunción de la maq. capitalista civilizada, correspondiente a la descodificación de los flujos." (pag.270)

"Lo que está inscrito o marcado ya no son los productores o no-productores, sino las fuerzas y medios de producción como cantidades abstractas que se vuelven efectivamente concretas en su puesta en contacto o conjunción: fuerza de trabajo o capital, capital constante o capital variable, capital de filiación o capital de alianza... Se produce una privatización de la familia, según la cual deja de dar su forma social a la reproducción económica.

Las personas individuales son, en primer lugar, personas sociales, es decir, funciones derivadas de las cantidades abstractas; se vuelven en su conjunción. Son, exactamente, configuraciones o imágenes producidas por los puntos-signos, los cortes-flujos, las puras <<figuras>> del capitalismo: el capitalista como capital personificado, es decir, como función derivada del flujo de capital, el trabajador como fuerza de trabajo personificada, función derivada del flujo de trabajo. El capitalismo llena así con imágenes su campo de inmanencia.

Las personas privadas son, pues, imágenes de segundo orden, imágenes de imágenes, es decir, simulacros que reciben así la aptitud a representar la imágen de primer orden de las personas sociales". (pag.272)

"En el conjunto de partida hay el patrón, el jefe, el cura, el poli, el recaudador de impuestos, el soldado, el trabajador, todas las máquinas y territorialidades, todas las imágenes sociales de nuestra sociedad; pero, en el conjunto de llegada, en el límite, ya no hay más que papá, mamá y yo, el signo despótico recogido por papá, la territorialidad residual asumida por mamá y el yo dividido, cortado, castrado." (pag.273)

"Mucho más solapado que el reino subterraneo de los fetiches de la tierra o el reino celeste de los ídolos del déspota, es el advenimiento de la máquina edípica-narcisista: <<Ni glifos, ni jeroglíficos,... queremos la realidad objetiva, real, ...es decir, la idea-Kodak... para cada hombre, cada mujer, el universo es tan sólo lo que rodea su absoluta pequeña idea de él mismo o de ella misma... ¡Una imagen! Una instantánea-Kodak es un film universal de instantáneas>> (D.H. Lawrence <<Art et moralité>>, 1925)" (pag.274)

"Esa es toda la serie: fetiches, ídolos, imágenes y simulacros."

¿De cuántos signos estamos hechos?. Quizás no habrá que considerar demasiado deprisa estas marcas, ni evaluar como olvido o desconocimiento presente a esas escrituras imperiales, ni mucho menos como parte de una historia muy lejana los credos y culpas de nuestras almas modernas o posmodernas.

Quizás la trama sea más compleja, y los devenires múltiples e insondables: siempre aparecen, de ves en cuando unos salvajes, o aún, sueñan con un Estado implacable algunos bárbaros, o se animan, cada tanto todavía, las bienaventuradas civilizaciones.

La sociedad como superficies de inscripción, que nace ya inscripta; que estas escrituras sean inherentes a su producción y reproducción social; que sea impensable, cualquier sociedad, sin el registro y los dispositivos de inscripciones, y ya no como objeto de estudio al que se le inventan unos sentidos, desde afuera, para entenderlas (desde las ciencias, desde nuestra subjetividad libre y soberana). Si no que esencialmente, toda sociedad, desde la más primitiva, está poseída por escrituras. De cuya naturaleza, característica y amplitud son muy variables, de acuerdo a cada tipo social. Todo esto nos lleva a pensar que el análisis de cualquier sociedad histórica debería incluir inevitablemente la descripción de los sistemas de inscripciones o escrituras, o de los sistemas de representación (para Deleuze y Guattari) o de los sistemas simbólicos o estructuras estructurantes (para Bourdieu).

 

 

1 (uno)

 

PALABRAS, GRAFIAS Y COSAS

 

 

Ante la retirada de la escritura del Dios-déspota en el renacimiento surge una nueva inquietud por esos trazos y jirones de la antigua máquina de inscripción imperial, "en su ser en bruto e histórico del siglo XVI -dice Foucault-, el lenguaje no es (ya) un sistema arbitrario; está depositado en el mundo y forma, a la vez, parte de él -ya no és esa voz de las alturas que subordina a la materia a la vez que toma distancia de ésta, como la escritura (o las signaturas) se separa en cada acto del mundo como de los subditos- porque (ahora) las cosas mismas ocultan y manifiestan su enigma como un lenguaje y porque las palabras se proponen a los hombres como cosas que hay que descifrar".

Michael Foucault, como pocos, supo describir esas formaciones del saber que prefiguran la dispersión en superficies comunes, los discursos y sus soportes, esas "historias" entre el medioevo y el renacimiento hasta casi su propia actualidad, la de su propio discurso. En el mismo texto, Las Palabras y las Cosas agrega, sobre el privilegio "enigmático" de la escritura: "el entrelazamiento del lenguaje y las cosas, en un espacio común, supone un privilegio absoluto de la escritura.

Este privilegio ha dominado todo el Renacimiento y, sin duda, ha sido uno de los grandes acontecimientos de la cultura occidental. La imprenta, la llegada a Europa de manuscritos orientales, la aparición de una literatura que ya no se hacía para la voz o para la representación ni estaba bajo su dominio, el paso dado hacia la interpretación de los textos religiosos según la tradición y el magisterio de la Iglesia -todo esto da testimonio, sin que pueda separarse la parte de los efectos de la de las causas, del lugar fundamental que tomó en Occidente, la Escritura. El lenguaje tiene, de ahora en adelante la naturaleza de ser escrito-"

Mas bien creemos que se trata de la aparición del lenguaje como objeto y contenido (enigmático), que comienza a aparecer, justamente, por la retirada misma de la "Escritura" con mayúsculas, en el vacío dejado por la retirada del déspota y sus poderes mágicos. Por un tiempo lo Esotérico ocupará ese lugar, en tanto que leyenda (cosa que leer). Principio de extrañeza del mundo, poblado por lo fantástico y el error, la falacia y la ficción. En dónde proliferan los puntos de vista, en una suerte de vacío relativista limitado por un hombre-dios, o un sujeto racional trascendental en el campo de batalla de las nuevas naciones, como nuevo contexto de la "objetividad-subjetividad" capitalista mercantil y financiera.

Esta privatización y socialización generalizada de la escritura, lograda, fundamentalmente a través de la imprenta, es lo que dará lugar también en el Renacimiento a los movimientos humanistas que producirán el surgimiento de las lenguas nacionales y de los nacionalismos modernos. Como señala McLuhan, "La imprenta, al convertir las lenguas vulgares en medios de comunicación o sistemas cerrados, creó las fuerzas uniformes y centralizadoras del nacionalismo moderno".("La galaxia Gütenberg", pag. 235)

Cuando los hombres se preguntan por esos trazos infinitos que los rodean, ya es demasiado tarde, están completamente inmersos en una "sopa de letras".

A fines del siglo XVII, en pleno auge del mercado del libro impreso, nace la Paleografía como ciencia que estudia, analiza y clasifica las escrituras. Prescindiendo, tanto de su sucesión cronológica como de la materia subjetiva sobre la que está trazada la escritura. Paralelamente se desarrollan otras disciplinas con parecidos fines clasificatorios y taxonómicos como la Crítica textual, Epigrafía, Papirología, Diplomática y la Codicología.

Así las escrituras fueron clasificadas por: el ductus o movimiento de la mano al trazar las letras; el ángulo de inclinación del instrumento escriptórico; la altura y la anchura de la letra; el peso, o sea la intensidad con que se aplica el instrumento escriptórico; el uso al que están destinadas, en escrituras cancillerescas (actas de la administración pública o cancillería) y librarias (de libros escolares, religiosos y comerciales), etc.

Si bien, estas forma de descripción por los tipos de letras o grafías, parecen desplegarse en un dominio neutral y controlado de la Representación clásica, la verdad es que su aparición generó todo un movimiento crítico y, seguramente, revolucionario, al menos, en los dominios del discurso histórico.

Analizar su positividad es esencial: una avidez por desplegar la profundidad de las escrituras de su ligazón consustancial al mundo tan finamente trazado por el Nuevo Dios-hombre, una nueva desteologización de las escrituras, y aún más, desescribir por sí mismo el trazo, en su propia superficie o a una áparalela, vaciando de sentidos expresivos, y de vicios interpretativos característicos de la erudición renacentista, de cualquier insistencia de significados.

Desde el siglo XVII los estudios del lenguaje tomarán dos direcciones, uno, por el lado del discurso con las teorías de la significación y los modelos formales de la subjetividad histórica, otro, por el lado de la escritura en su materialidad, como cadena significante y sistema formal anónimo o asubjetivo. El primer camino se desprenderá del presente y enriquecerá los delirios de la historia, el segundo, siempre intentará localizar la superficie inmanente de su efectuación y validez.

Foucault dice sobre el lenguaje en la época clásica, "El Renacimiento se detuvo ante el hecho en bruto de que hay un lenguaje: en el espesor del mundo, un grafismo mezclado a las cosas o que recorre por debajo de ellas; siglos depositados sobre los manuscritos o sobre las hojas de los libros. Y todas estas marcas insistentes apelaban a un segundo lenguaje -el del comentario, de la exégesis, de la erudición- para hacer hablar y hacer al fin móvil al lenguaje que dormía en ella... a partir del siglo XVII, lo que se elide es esta existencia maciza e intrigante del lenguaje. No aparece ya oculta en el enigma de la marca: aparece más bien desplegada en la teoría de la significación."

Y si, como dijimos, el lenguaje toma el camino de la significación, en la gramática y sobre todo en el discurso histórico, los análisis de las escrituras toman un camino radicalmente distinto, liberadas de los pequeños significados, se adhiere a la superficie de producción, allí dónde y cómo fueron producidas, abandonarán la articulación expresiva para convertirse en el contenidos de una disciplina que describirá a las escrituras como flujos que aparecen, se difunden, se imponen, se retraen, se llevan con sigo, se conecta con tal o cual sociedad, clase social, etc. según las articulaciones políticas, económicas y religiosas en esa gran urbe mundial que es el medioevo (como período mas a fín a los estudios paleográficos).

La paleografía y sobre todo la diplomática, al menos en sus comienzos, funcionaban al modo en que Deleuze y Guattari llamarían tres siglos después la tarea del esquizoanálisis con respecto a la literatura: "Pues leer un texto nunca es un ejercicio erudito en busca de los significados, y todavía menos un ejercicio altamente textual en busca de un significante, es un uso productivo de la máquina literaria (en este caso escriptórica), un montaje de máquinas deseantes, ejercicio esquizoide que desgaja del texto su potencia revolucionaria"

La Historia ha reconocido a la Paleografía, a la epigrafía, y a todas estas disciplinas como ciencias auxiliares. El peso político de la Historia en la distribución de sentidos, ha hecho sin dudas la tarea más clara en el proceso de separación de las escrituras con respecto al mundo de la experiencia, endurecimiento de las tareas reflexivas sobre el presente y el pasado de las sociedades. Al interpretar el sentido manifiesto, oculto, por debajo o por detrás de las escrituras y, al significar, más allá de la materialidad, del funcionamiento inmanente de las escrituraciones, buscará establecer los grados de legitimidad y de validez de los contenidos, establecerá los bloques históricos, el tramado de causas, establecerá los ciclos y evoluciones necesarias. El resultando de todo ello serán las teorías histórico-filosóficas cuya característica principal es ser "suprahistórica". Buscando el sentido general de orientación de la humanidad en el interior de la conciencia preclara del sujeto trascendente.

O quizás exista otra forma de ver la historia, al conectar de nuevo el signo con el mundo, devolviendo a las escrituras sus dimensiones revolucionarias. Considerando a la escritura como la dimensión cultural del deseo, como sistema de creencias y tradiciones recurrentes, situadas en zonas específicas de producción, distribución y consumo. Una historia exterior, en tanto que se produce esta conexión entre todas las formas de exterioridad posibles de análisis: una preter-historia, es así como queremos adscribirnos a esta hipótesis de Foucault: "La hipótesis que me gustaría formular es que en la realidad hay dos historias de la verdad: La primera es una especie de historia interna de la verdad, que se corrige partiendo de sus propios principios de regulación; es la historia de la verdad tal como se hace en o a partir de la historia de las ciencias. Por otra parte, creo que en la sociedad, o al menos en nuestras sociedades, hay otros sitios en los que se forma la verdad, allí donde se definen un cierto número de reglas de juego, o a partir de las cuales vemos nacer ciertas formas de subjetividad, dominios de objeto, tipos de saber y, por consiguiente, podemos hacer a partir de ello una historia externa, exterior, de la verdad.

Las prácticas judiciales -la manera en que, entre los hombres, se arbitran los daños y las responsabilidades, el modo en que, en la historia de Occidente, se concibió y definió la manera en que podían ser juzgados los hombres en función de los errores que habían cometido, la manera en que se impone a determinados individuos la reparación de algunas de sus acciones y el castigo de otras, todas esas reglas o, si se quiere, todas esas prácticas regulares modificadas sin cesar a lo largo de la historia- creo que son algunas de las formas empleadas por nuestra sociedad para definir tipos de subjetividad, formas de saber y, en consecuencia, relaciones entre el hombre y la verdad que merecen ser estudiadas." (Michael Foucault "La verdad y las formas jurídicas" 1978)

 

 

LA SOCIOLOGÍA EN LA TRADUCCIÓN PALEOGRÁFICA

 

"La separación que opera el ritual -en sí mismo una separación- ejerce un efecto de consagración....

¿Cómo actúa la consagración, que yo llamaría mágica, de una diferencia y cuáles son sus efectos técnicos?.

Del hombre más pequeño, más débil, en suma, más afeminado, hace un hombre plenamente un hombre, separado por una diferencia de naturaleza, de esencia, de la mujer más masculina, más alta, más fuerte, etc. En este caso instituir es consagrar, es decir, sancionar y santificar un estado de cosas, un orden establecido, como hacer justamente una constitución en el sentido jurídico-político del término. La investidura (del caballero, del diputado, del presidente de la República, etc.).

El diploma pertenece a la magia tanto como los amuletos.

Dentro de esta lógica puede incluirse el efecto de todos los títulos sociales de crédito o de credibilidad -los ingleses les llaman credenciales que, como el título de nobleza o el título escolar, multiplican constantemente el valor de su portador multiplicando la extensión e intensidad de la creencia en su valor.

La institución es un acto de magia social que puede crear la diferencia ex nihilo, lo que es el caso más frecuente, explotar en alguna medida diferencias preexistentes, como las diferencias biológicas entre los sexos o, en el caso por ejemplo de la institución del heredero según el derecho de primogenitura, las diferencias entre las edades. En este sentido, como la religión según Durkheim, la institución <<es un delirio fundado>>...

La magia social consigue siempre producir discontinuo en lo continuo... oposición académica: entre el último aprobado y el primer suspendido, la oposición crea diferencias de todo o nada, y para toda la vida.

La institución es una identidad, que puede ser un título de nobleza o un insulto ("tu no eres más que un..."), es la imposición de un nombre, es decir, de una esencia social. Instituir, asignar una esencia, una competencia, es imponer un derecho de ser que es un deber ser (o un deber de ser). Es significar a alguien lo que es y significarle que tiene que conducirse consecuentemente a como se la ha significado. El indicativo es en este caso un imperativo.

La esencia social es el conjunto de esos atributos y de esas atribuciones sociales que produce el acto de institución como acto solemne de categorización que tiende a producir lo que designa."

La sociología -decía Durkheim- es la ciencia de las instituciones, de su génesis y de sus funciones.

"hay que sustituir un hecho interno (moral) que nos escapa por un hecho exterior que lo simboliza y estudiar el primero a través del segundo. Ese símbolo visible es el derecho." (Durkheim)

"Lo `social´ se conoce en ciertos signos: por la exterioridad sobre la que aparece y por la presión que ejerce sobre los individuos; pero su verdadera esencia está más allá de estos signos, en el hecho originario al punto de ser necesario al agrupamiento como tal, especialmente el agrupamiento humano.

Una sociedad vacía es tan quimérica como un individuo estrictamente solitario y extraño a toda sociedad. Los individuos deben concebirse como los órganos en el organismo."

La sociología pareciera, ahora, poder definirse como la ciencia de las escrituras. Ya que no hay una dimensión específica del objeto escriptórico (la paleografía fué un intento genuino de época), las escrituras son la propia superficie de lo social; tampoco habría una esencia social, como vimos anteriormente (capítulo 2 dos), independiéntemente de las esctituras, adquieriría quizás autonomía en dos dimensiones fundamentales: En las acciones y pasiones que derivan en nuevas inscripciones, hacia un individuo sin sociedad, en dónde se acentuaría esta individualidad del rasgo (el guerrero, el conquistador, "el héroe"), y por otro lado, una dimensión más contemplativa del "objeto" social, una instancia de consumo de intensidades, en un sistema con orientación de "sociedad vacía", (sociedad de masas, sociedad mediática, el "cónfort", la imperceptibilidad relativa como atributo social).

<<"Se ha estudiado los sistemas simbólicos como "estructuras estructurantes", como instrumentos de conocimiento y construcción de lo real. El origen de esta tendencia está en la tradición neokantiana (Humboldt, Cassirer) y se prolonga en el culturalismo norteamericano (Sapir y Whorf), pero culminó en Durkheim, según Bourdieu, en tanto para él las formas de clasificación dejan de ser formas universales, trascendentales, para convertirse en "formas sociales, es decir arbitrarias [relativas a un grupo particular] y socialmente determinadas" (Bourdieu, 1977)">>

El sociólogo, decía Durkheim en Las formas elementales de la vida religiosa que emplea la historia no lo hace como un historiador ya que la sociología no tiene por misión rastrear las formas pasadas de civilización con la finalidad exclusiva de conocerlas y reconstruirlas, sino que, como toda ciencia positiva, ante todo tiene por objeto explicar una realidad actual, próxima a nosotros y susceptible, por ello, de afectarnos en nuestras ideas y actos. De allí que también la sociología leerá la historia, tratará de llegar a su escritura, desprendiéndola de lo que tiene de inactual para revivir las condiciones político-prácticas de aquello que nos hacen ser esto y no aquello, no lo que significan tales signos y acciones, sino cómo funcionan, cómo se maquina lo social en esos flujos desterritorializados de hechos sociales o cosas, "se puede definir la sociología -dice Durkheim- diciendo que es la ciencia de las instituciones, de su génesis y de sus funciones". Cómo funcionan las escrituras.

Fueron fundamentalmente Marx, Weber y Durkheim los que operaron un fructífero descentramiento en la aplicación del método histórico lo que supuso una ruptura respecto a las representaciones de la historia vigentes en su época. La historia premarxista hacía del análisis histórico un discurso de la continuidad y convertía a la conciencia humana en el sujeto originario de todo proceso social. El tiempo era concebido de forma totalizante y globalizadora, y las revoluciones eran interpretadas como tomas de conciencia.

M. Weber se opuso también a dos tipos de reduccionismos históricos frecuentes en su época: el desmigajamiento de procesos reales en una multitud de hechos aislados de contextos y explicados recurriendo a formulaciones preconcebidas, y el enfoque evolucionista de sistemas de comportamiento o de acción social cuya explicación provendría de ver en ellos el resultado del despliegue de una racionalidad siempre presente y también ahistórica.

La escritura, como una tecnología concreta, con sus cambios y distribuciones, es un buen punto de apoyo para el análisis de la articulación de lo social en el deseo, y de éste en aquel.

Desde los años sesenta (siglo XX), fundamentalmente, surgen un conjunto de autores, de diversas disciplina que comienzan a preocuparse por lo que se podría denominar: la tecnología de la escritura. Cómo ésta afecta, desde su implantación, a una sociedad, al punto de ser generadora, por sí misma de una forma cultural específica, y cómo, del uso de esta tecnología surge un conjunto de características específicas a todas estas sociedades, independientemente de los contenidos: significaciones, subjetividades, y organizaciones internas. Pero, si sus campos colaterales y adyacentes, sus distribuciones espaciales y temporales, los efectos maquínicos. Una nueva inversión de la historia, una mirada desde fuera, como si las escrituras nos permitieran ver a la sociedad por sus productos exteriores, ya no su esencia o pensamiento interno. Fuera de las funciones de poder y fuera de las condiciones del saber: una preter-historia.

Uno de los autores que pondríamos en la prehistoria de estos tipos de análisis, sería sin dudas, Marshall McLuhan.

Existirían, creemos con respecto a las escrituras al menos tres usos o funciones: los de la inscripción, que funciona como entrada, ingreso, de la scribere, de la escritura. Ingreso, a un tiempo, por su naturaleza, violento y mágico. Violento y cruel por las acciones de dolor que suscita (como movimiento de la cultura) en los propios cuerpos, represión primitiva o salvaje. Y mágico porque estas inscripciones determinan separaciones, divisiones, divide el mundo y los cuerpos, los sexos y las generaciones, nombra e instituye. Son verdaderos ritos de institución. Identifica al separar, instituye al dividir, integra al excluir. Violencia mágica.

En este sentido, creemos, habría una forma de recorrer esas superficies de inscripción, las propias inscripciones, las fuerzas sociales que actúan históricamente, pero ya no para hacer la historia interior a las escrituras, sino la historia exterior a las escrituras , esto sería lo que aquí denominamos: Preter-história. Que nos debería introducir a la problemática de las tecnologías de inscripción en el socius, cómo se producen las escrituras, y las condiciones de prácticas político-discursivas de desescripturas. Problematizando a partir de ella las condiciones de transformación expresiva y devenir autónomo de agenciamientos específicos.

"La historia universal no es mas que una teología si no conquista las condiciones de su contingencia, de su singularidad, de su ironía y de su propia autocrítica. ¿Cuales son esas condiciones, ese punto de autocrítica? Descubrir bajo la proyección familiar la naturaleza de las catexis sociales del inconciente. Descubrir bajo el fantasma individual la naturaleza de los fantasma de grupo. O, lo que viene a ser lo mismo, llevar el simulacro hasta el punto en que deja de ser imagen de imagen para encontrar las figuras abstractas, los flujos-esquizias, que entraña ocultándolos. Sustituir el sujeto privado de la castración, escindido en sujeto de enunciación y en sujeto de enunciado que remite tan sólo a los dos órdenes de imágenes personales, por los agentes colectivos que remiten por su cuenta a disposiciones maquínicas. Volver a verter el teatro de la representación en el orden de la producción deseante: toda la tarea del esquizoanálisis." (pag.279)

 

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FUNCIONES

"Las escrituras nos forman estratos, y nosotros las amamos"

 

 

"Consideremos los tres grandes estratos que se relacionan con nosotros, es decir, aquellos que nos atan más directamente: el organismo, la significancia y la subjetivación... Serás organizado, serás un organismo, articularás tu cuerpo -de lo contrario, serás un depravado-. Serás significante y significado, intérprete e interpretado - de lo contrario, serás un desviado-. Serás sujeto, y fijado como tal, sujeto de enunciación aplicado sobre un sujeto de enunciado -de lo contrario, sólo serás un vagabundo-"

Las escrituras son estos estratos, más bién, la expresión de esos estratos, que nos organizan el cuerpo imponiendo formas, funciones, uniones, organizaciones dominantes y jerarquizadas, trascendencias organizadas para extraer de él un trabajo útil. Un cuerpo sometido a las inscripciones, instituciones, que se expresan allí, y cómo Durkheim supo describirlas: las instituciones se nos imponen, nos aferramos a ellas; ellas nos obligan y nosotros las amamos.

Pero también las escrituras expresarán los significados y las interpretaciones adheridas a nuestras almas como el organismo al cuerpo. Serán las redundancias: la sociedad exterior y coactiva, pero también, como nuestro interior: un organismo y su paranoia. El modelo redundante del organismo como significado último y primero. No se sale de esto con estructuras, sistemas, ni tipos ideales y sentidos de las acciones a interpretar.

Y el tercer ojo, esas inscripciones que ya no se ven, que ya no se leen, ahora, ellas nos miran, o nos "miramos" a través de ellas, son nuestra conciencia: la subjetividad adecuada a la realidad dominante. Adecuación necesaria o imprescindible a una conciencia de raza pura, o de sociólogo profesional o de clase obrera, etc.

Escrituras, nó sólo son esos trazos visibles como cosas, a la vez, que invisibles en tanto que palabras efectuadas en un momento. Ya vimos como están tramadas en el hombre, situándolo hasta en sus amores, en un campo social político específico o histórico, y a la vez, múltiple y prolifero. Tramado por mecanismo de poder que se efectúan a través de aparatos de inscripción variables; no sólo visibilidades, también enunciados orales, gestos, "máquinas abstractas de rostridad" (Deleuze y Guattari, 1980). También son escrituras el derecho, la moral, las creencias, las costumbres, incluso las modas (Dukheim, 1895), como otros tantos objetos del sociólogo.

Y, si es difícil definir claramente, lo que entendemos aquí, por escritura, es quizás, porque sólo en su funcionamiento cobra significaciones concretas, en su operatividad, en su efectuación y sólo en ella, es real. No parece responder a un ser que se reduzca a esencia, más bién, es un ser que cobra sentido en sus modos funcionales, en sus relaciones maquínicas, en su red concreta de existencia, de producción, distribución y consumos. fuera de la cual, sólo es un delirio trascendente.

La Sociología clásica, liberó un viejo paisaje demasiado histórico, demasiado trascendente. Redescubrió las inscripciones elementales de lo social, y produjo una máquina capaz de articular políticamente ese terreno; produjo sus puntos de desescripción, sus zonas de inmanencia. Desescripción con respecto al Estado, al capitalismo, a la moral, a todos los continuos presociológicos. Peró pronto perdió de vista aquello que formaba parte de su positividad, aquella condición que lo produjo como devenir histórico y contingente: la descripción de los signos sociales. Función que podríamos definir como preterhistórica en tanto que: 1º se produce la conexión de un conjunto de escrituras previas con el mundo, la lucha, la resistencia, como un hacer pasional e irreflexivo. Abrir las escrituras, buscar la grieta, o en la zona porosa introducir la confusión (mezclar las cañerías de oxígeno con las de excrementos "Brasil"); en las zonas-escrituras blandas estirar, tensar como un chiclet hasta la dislocación; en las zonas duras, y quizás, por su fragilidad, dinamitar. Primer momento o sentido de la desescripción o conexión;

2º frente al devenir de la diferencia, la desescripción es formulación o expresión político-científica de la diferencia producida. Una nueva escritura nace. Pero, donde el sujeto, el que escribe, ya no es el mismo, ha devenido, a cambiado de lugar y al hacerlo ha cambiado también el mundo. El mundo ya no será el mismo y sólo recordará su partida. La idea de Foucault de la libertad del hombre de las máquinas sociales opresivas, no para reencontrar la esencia hombre perdida, sino para abrirlo a otra cosa. Segundo sentido de desescripción o de las disyunciones inclusivas.

3º momento o sentido de la desescripción, como descripción de la exterioridad como lo más próximo. Descripción de los mapas, del devenir de las fuerzas, de los diagramas de poder. "Al mismo tiempo, no hay diagrama que no implique, al lado de puntos que conecta, puntos relativamente libres o liberados, puntos de creatividad, de mutación, de resistencia" (Deleuze, "Foucault"). Descripción de los estados intensivos, como subjetividad efectiva por las que pasa el cartógrafo. Nietzsche. Tercer sentido de desescriptura o descripción (conjuntiva) de las puras relaciones de fuerza que atraviesan los cuerpos y sus saberes (la história).

Escribir, decía Foucault (en quién desescribir adquiere los tres sentidos) es luchar, resistir; escribir es devenir; escribir es cartografiar, <<soy un cartógrafo...>>

La preterhistoria es un método y una actitud (por lo tanto política) si es que logra articular estos tres momentos. Ahora se vé, por qué no es un trabajo de "historiador", como relato interior de un sujeto conciente, o la emisión de significaciones objetivas de unos rasgos documentales (transformación de monumentos en documentos), o la explicación de las cadenas causales intra-históricas, la búsqueda de un sentido universal, único, sinó, por el contrario, la preter-história, es la descripción, en el medio (político-intelectual) de las exterioridades, que distribuyen y generan sujetos, objetos y conceptos, como tales, en ese mismo medio, en las zonas de afectación relativas. Análisis de las rarezas y no búsqueda de las totalidades; descripción de las relaciones de exterioridad y no el tema de un fundamento trascendental; análisis de las acumulaciones y no la búsqueda de un origen. Ese positivismo, que no duda en concederse Foucault , es el que, creo, lo emparenta a una actitud sociológica, eminentemente, durkheimniana, pero no exclusiva.

Cuando la escritura se pone en relación con todos los elementos existentes en una época y los precipita en nuevos devenires "históricos" estamos en presencia de una potencia de desescripción. En este sentido la escritura está más cerca de los efectos que producen su ejecución en un campo social dado, que de la representación subjetiva u objetiva que de ella se desprenda. Describir, aquí, no quiere decir "figurar una cosa, representándola de modo que dé cabal idea de ella, ni representar personas o cosas por medio del lenguaje", ni generar un inventario; describir es ,por el contrario, abrir la escritura, desplegarla; describir es seguir unos puros flujos en tanto que tales, y al hacerlo, eliminar los significados, las representaciones, los sentido, los sujetos, los organismos y sus organizaciones y jerarquías. Flujos de escrituras, de trabajadores, de sonidos, de ideas. Es seguir "una línea, moverse a lo largo de ella". No representar a nada ni a nadie, porque en primer lugar el signo no está, necesariamente, fuera del mundo. Está entramado en él, la desescripción lo que hace es conectarlos nuevamente, para generar un devenir que afecta tanto al signo como al mundo. Entre uno y otro no son los compromisos de representar lo que pone en acción los mecanismos de desescripción, ni metáfora ni metonimia, sino verdaderas metamorfosis, reales acoplamientos, devenir y laberinto. La desescripción es el proceso de cópula signo-mundo. Revolución-mutación.

La función esencial de la desescripción no sería la de separar o de poner las cosas en su "justo" lugar, sino, por el contrario, la de complicar las formas para conectar al signo con el mundo de y "en" la experiencia.

La escritura, en cambio es o termina siendo, "letra muerta": Reducto idiomático, "monumento viviente", secreto en silencio fuera del mundo, en su propio templo ya sin dios.

La desescripción por el contrario reanima nuevas conexiones del mundo con el signo, no con un sentido, sino con el deseo o una pasión efectiva que la anima. Finalmente es la acción, muda y estéril, la que va a engendrar esta crisis de la escritura, la que va a producir un devenir de todo el mundo.

Sin embargo, por otro lado, son las escrituras las que van a someter a los cuerpos en su actividad creadora y los van a centrar en funciones controladas de trabajo, van a organizar esclavitud o formar la sujeción maquínica.

Al establecer cuales son los mecanismos de la contemplación contrapuestos a los de la percepción, "Spinoza fue quizás el primero en señalar (en la parte quinta de su Ética, proposición III) que una emoción deja de serlo tan pronto como nos formamos de ella una idea clara y precisa. De las teorías que aceptan la contemplación súbita, la más afortunada es la "Einfühlung", se ha traducido esta palabra como endopatía. Así como "simpatía" significa "sentir con", endopatía significa "sentir dentro". "Cuando contemplamos una obra de arte -dice Herbert Read - nos metemos dentro de ella y adoptamos su sentir... naturalmente podemos sentirnos dentro de cualquier cosa que observamos... si miramos este grabado japonés.... Nos adentramos en su movimiento ahuecado, sentimos la tensión entre su altura y la fuerza de gravedad, y al romperse su cresta en espuma, sentimos que nos aferramos desesperados a los objetos extraños a nuestro alcance."

Si es difícil dar una definición clara y precisa de lo que es la desescripción, se debe a que escapa a esas posiciones fundamentalmente visibles, características de la percepción, como a esas miradas desde fuera, y sólo apelando a intuición, a rasgos sensibles, sonidos, silencios, una combinación de sentimiento y pasión, de olvido y memoria anterior a la escritura. Que es, como la última forma actual, como elemento de antiproducción que limita, más que alimenta el deseo, aunque forme parte de aquél.

La posición del contemplador en la caverna primitiva le permitía desescribir el mundo al inscribir los signos en su propio cuerpo, como posiciones de deseo que le hacen devenir con respecto a sus antiguos código instintuales en un cazador o guerrero.

En realidad casi toda escritura se realiza con relación a otra de la cual reactiva, o actualiza una desescripción relativa.

Por eso la desescripción comenzó, en un momento de la historia, a poner en peligro todo el territorio de las escrituras sagradas, al tiempo que comenzó a desplegar una escritura de las ciencias físicas y naturales: Voltaire, Linneo, Buffon, etc. Enciclopedistas versus teólogos en el descubrimiento de América.

El despliegue de la escritura o la desescripción quiere decir des-truir, critica y contracrítica como escribe en 1873 el Abate D' Envieu "Así, bajo varios aspectos, el progreso consiste en retroceder, en volver al texto, en despojarlo de comentarios inexactos, de exageraciones y de opiniones exegéticas que no tienen apoyo en la letra."

En los primeros textos del antropólogo Carlos Castaneda contemplamos admirados un doble proceso de la escritura.

El autor describe su iniciación a la brujería en una escritura que lo inicia como escritor de libros, a la vez que su escritura devienen iniciática en otro sentido, en el sentido de descripción o mas bién, de des-ecritura del mundo de los lectores o consumidores de libros de Castaneda.

"Con el fin de presentar mi argumento, debo antes explicar la premisa básica de la brujería según don Juan me la presentó. Dijo que, para un brujo, el mundo de la vida cotidiana no es real ni está allí, como nosotros creemos. Para un brujo, la realidad, o el mundo que todos conocemos, es solamente una descripción."

Toda desescriptura es doble, nos obliga a conectar el mundo con el signo (a describir el mundo genérico), a la vez que nos obliga a desecribirnos de lo que éramos (a describir la iniciación interna) para ser otra cosa.

"Para validar esta premisa, don Juan hizo todo lo posible para llevarme a una convicción genuina de que lo que mi mente consideraba el mundo inmediato era sólo una descripción del mundo: una descripción que se me había inculcado desde el momento en que nací."

Castaneda es un claro ejemplo de cómo la escritura como producto del mundo puede ser portadora o generadora de otros mundos insospechados, innumerables, y lo que es, quizás, más importante, habitables.

 

 

EPÏLOGO: ANÄRQUINAs

 

Las escrituras sólidas y solidarias atentan permanentemente contra las primitivas inscripciones, más fluidas, móviles, circunstanciales. Los hombres debimos desarrollar una máquina capaz de desinscribirnos tanto del mundo (y del cielo) como de nosotros mismos, de esas dos formas de esclavitud VOLUNTARIA.

La Paleografía, la Sociología fueron sólo dos modelos de aquella máquina de desinscripción, que hoy, quizás ya son escrituras capturadas por el aparato gravífico de Estado.

Sofisticación y simplicidad, quizás sean, sólo dos piezas de los nuevos modelos de máquinas anárquicas (anárquinas).

 

 

LA DESESCRIPCIÓN:

POR UN ARTE POLÍTICO DE LA CIENCIA

 

La escritura es la última diferencia, fundante, fundamento y fundamental, que vale por origen, siempre cerrado y definitivo.

Un problema se plantea al considerar a la escritura como diferencia, y es un problema político, o de arte política: si por un lado las escrituras crean las diferencias (sociales, culturales, lingüísticas, etc.), o las diferencia crean escrituras como desinencias de grupos sociales, que deben ser asumidas, respetadas por todos y cada uno. No podemos contentarnos con ello, es decir con, no imponer tal o cual etiqueta, tal o cual signo social a determinada minoría, ni quedarnos con el mero acto no discriminativo de aceptación de la nuevas escrituras/diferencias. No es suficiente ampliar el espectro de los grupos, razas y religiones posibles, a diez o a veinte, o quedarnos con nuevas polaridades, es necesario seguir desinscribiendo, pero no para finalmente escribir la última historia, describir no tiene límite, pero tampoco funciona en el vacío, ya se sabe que su superficie, la materia sobre la que trabaja es la propia escritura allí dónde se estratifica, dónde lo real encuentra su límite, en los propios cuerpos, poco importa si el límite es impuesto o aceptado por una mayoría que quisiere hacer valer sus derecho a la tradición cultural, étnica o nacional. La desinscripción no actúa sobre éstos para integrarlos a una homogeneidad que hiciere nula toda diferencia, que los igualara en una campo homogéneo de cualquier tipo, no existe tal salto en el vacío. No aspiramos a utopías liberales del metropolitanismo, ni a los socialismos, ni a las patrias nacionales. Se trata por el contrario de hacer multiplicar las diferencias, como por milagros de la multiplicación de los panes. Escrituras que valen por su proliferación dinámica en un campo social tan real como pluralista. En definitiva, los otros deben poder ser reconocidos, aceptados, tolerados, respetados, no por su interioridad intacta, inarticulada, sino por su capacidad de abrirse al campo social, de conectarse, de modo de generar, de forma expansiva, por contagio, acciones autonómicas, que "produzcan libertad". Que no se queden en la mera formulación programática y estatutaria de grupo definido y reconocido, es decir, como dice Deleuze que adquieran el grado de mayoría cualitativa en un ámbito nacional o internacional, ni que por el contrario, éstos grupos, reconocidos o no, se aíslen en patrias ficticias y perversas, sino, que se conecten con los devenires reales en tanto que minoritarios. Estar atentos, es lo que exigimos, por esas subminorías que trabajan y luchan internamente en todos y cada uno de estos grupos, hoy y mañana reconocidos. Ciencia, arte y política deben ser conjugados en toda su esplendorosa seriedad.

Correo electrónico: melandsman@gmail.com

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